NO HAY NADA QUE PARALICE MÁS QUE EL MIEDO

El miedo paraliza, impide cualquier cambio. Paraliza a la víctima y hace que sea incapaz de defenderse. Y paraliza al verdugo, que teme perder su posición de dueño y señor. Pero la vida es cambio, movimiento.
En la relación hombre-mujer, el miedo es un factor que pervierte la relación a todos los niveles. Hay que romper esta cadena, hay que enseñar a la mujer a creer en ella misma, a sentirse orgullosa de serlo, a luchar por conquistar el puesto de igualdad que le corresponde como tal. Pero opino que no es menos importante acabar con los prejuicios del hombre, y acabar con su miedo.

La lucha por la igualdad debería tener como objetivo el acabar con todo tipo de sometimiento y dominación. Ninguna persona tiene derecho a someter y dominar a otra, ninguna persona debe aceptar ser sometida como un objeto. Y en esa lucha debe ser evidente, en contenido y formas, que no se trata de invertir el orden del sometimiento sino de acabar con él y establecer una relación de igualdad, de compartir y reinventar las relaciones humanas a un nivel horizontal.

La mujer no pretende desempeñar el rol perverso del hombre dominante: el del que humilla, aplasta, anula. El que grita, insulta, golpea y mata. Jamás. Por ser persona, y por ser mujer. El hombre debe regenerar su naturaleza humana pervertida por el uso y abuso de poder, debe comprender que contemplar y tratar a la mujer al mismo nivel le enriquecerá, le completará.
La vida se mueve, cambia. Tiene que llegar el momento de soñar e inventar. Inventemos juntos el futuro. Sólo puede haber un futuro digno de ser vivido, el nuestro, el de hombres y mujeres, cara a cara. En el mismo plano, el de la dignidad humana.
Es el momento de la cordura, de evitar el miedo, de establecer que no se pretende volver a la casilla de partida, la de la desigualdad y el sometimiento de signo contrario
            Sólo el día en que ninguna persona sea discriminada por su sexo en ningún lugar de la tierra, sólo ese día los seres humanos podrán cesar en su lucha y levantar la cabeza sin vergüenza, todos, hombres y mujeres. Hasta ese día, la Humanidad andará mutilada. 

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